miércoles, 12 de diciembre de 2012

Una inmersión en la tranquilidad







Distante cerca de 160 km de São Paulo, en el litoral norte, encuéntrase la playa de Boiçucanga. Es una playa pequeña, en forma de herradura, muy agradable, donde desagua el río de mismo nombre.

El mar es calmo, principalmente cerca de la parte del río, donde incluso se pueden ver algunos barquitos de pescador y donde los niños pueden jugar en el agua, una vez que casi no hay olas. Pero hay que tener cuidado, pues es una playa <<de caída>>, entonces el agua se encuentra en las rodillas y dos pasos después se queda casi en el cuello.

A pesar de estar entre Maresias y Camburi, dos playas muy agitadas, Boiçucanga es calma y aún logra mantener su espíritu de villa de pescadores, que siguen la tradición de sus antepasados.

Es la única playa del Litoral Norte donde el Sol se pone en el mar, en el lado derecho de la playa, donde hay las islas <<Montão de Trigo>>, de <<los Gatos>> y de <<las Couves>>,   y es un espectáculo mágico de la naturaleza.

La villa tiene una buena estructura, con muchas posadas, acampamientos, restaurantes y un centro comercial. Muchas calles aún son de tierra, con casitas de muros bajos, que contribuyen para el clima bucólico perfecto para los que quieren huirse da la vida estresante de las grandes ciudades.

Quizás por este motivo yo tuve las ganas de escribir sobre este lugar, que puede parecer muy común para mucha gente, pero que para mi es sinónimo de tranquilidad e aislamiento de los días fatigosos que vivo en la ciudad.

Allá yo sé que puedo acostarme en la arena, bajo un árbol y quedarme dormida sin que nadie me perturbe. Bien… tal vez un perrito, como el que conocí la ultima vez que estuve en Boiçucanga y que por fin se quedó dormido a mi lado. Tranquilo, como solo se puede ser en estos lugares mágicos…


Participación especial de 
Barbara Laura Barbieri Pires

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