Distante cerca
de 160 km de São Paulo, en el litoral norte, encuéntrase la playa de
Boiçucanga. Es una playa pequeña, en forma de herradura, muy agradable, donde
desagua el río de mismo nombre.
El mar es calmo,
principalmente cerca de la parte del río, donde incluso se pueden ver algunos
barquitos de pescador y donde los niños pueden jugar en el agua, una vez que
casi no hay olas. Pero hay que tener cuidado, pues es una playa <<de
caída>>, entonces el agua se encuentra en las rodillas y dos pasos
después se queda casi en el cuello.
A pesar de
estar entre Maresias y Camburi, dos playas muy agitadas, Boiçucanga es calma y
aún logra mantener su espíritu de villa de pescadores, que siguen la tradición
de sus antepasados.
Es la única
playa del Litoral Norte donde el Sol se pone en el mar, en el lado derecho de
la playa, donde hay las islas <<Montão de Trigo>>, de <<los
Gatos>> y de <<las Couves>>,
y es un espectáculo mágico de la naturaleza.
La villa tiene
una buena estructura, con muchas posadas, acampamientos, restaurantes y un centro
comercial. Muchas calles aún son de tierra, con casitas de muros bajos, que
contribuyen para el clima bucólico perfecto para los que quieren huirse da la
vida estresante de las grandes ciudades.
Quizás por este
motivo yo tuve las ganas de escribir sobre este lugar, que puede parecer muy
común para mucha gente, pero que para mi es sinónimo de tranquilidad e
aislamiento de los días fatigosos que vivo en la ciudad.
Allá yo sé que
puedo acostarme en la arena, bajo un árbol y quedarme dormida sin que nadie me
perturbe. Bien… tal vez un perrito, como el que conocí la ultima vez que estuve
en Boiçucanga y que por fin se quedó dormido a mi lado. Tranquilo, como solo se
puede ser en estos lugares mágicos…
Participación especial de
Barbara Laura
Barbieri Pires

No hay comentarios:
Publicar un comentario